Diego, por Beto Rudoni
Y un día partiste, eras humano nomas. La habías gambeteado a la parca tantas veces, con la misma magia que desplegabas en el verde césped, ahí sí que eras un Dios. Pero esta vez no pudiste. A mis 55 años, los recuerdos sobrevuelan mis tiempos de adolescencia y juventud y en un montón...